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Wednesday, August 5, 2015

Juegos Panamericanos, Toronto 2015: Primer partido vs. Trinidad y Tobago

Ya debería haberlo aprendido... Volver a bloguear después de 4 meses de silencio me deja demasiados espacios para llenar, para evitar aburrirles con un ensayo interminable, escribiré una serie de entradas sobre mi reciente experiencia en los Juegos Panamericanos del 2015 en Toronto, Canadá, junto con un resumen de los meses anteriores a la competencia para no .

Otro tema es el orden. ¿Comparto los recuerdos más recientes, o sea los que tengo más claro, o comienzo por el principio, relatando todo cronológicamente? Por favor, bánquenme mientras trato de llegar al mejor formato, lo cual podría ser ni una opción ni la otra sino en realidad una mezcla de las dos. Decir que mis habilidades de "blogueadora" están un toque oxidadas sería poco. Entonces, les pido que me den el "aguante" mientras rompo el hielo con este primer relato.

En mi última entrada, les conté de mi vuelta a la cancha en febrero después de haberme operado del ligamento cruzado anterior en julio del 2014 (el 28 de julio hizo ya un año de la operación!); muchas cosas han sucedido desde entonces. Recuperé la titularidad en River Plate, jugué en mi segundo Superclásico con Boca Juniors que terminó en un empate sin goles y en marzo fui citada para entrenar con la Selección Argentina en preparación para los Juegos Panamericanos en Toronto en julio de este año.

Al reflexionar qué escribir, pensé que sería interesante relatar cómo, a pesar de los obstáculos y dificultades, llegué a sentir que cumplí la meta de toda mi vida de representar a la Argentina en una competencia internacional. Pero, gracias a Dios, me di cuenta que, en comparación con las historias de mis compañeras y de jugadoras de otros países que participaron en el torneo, mis luchas no fueron nada especial. Por lo tanto, les ahorraré de mis quejas/fanfarronadas y, en cambio, espero darles una vista privilegiada del fútbol femenino en Latinoamérica y el Caribe.

Una de los aspectos más lindos de los Panamericanos, además de la sensación de salir a la cancha adelante de una hinchada de miles (el único partido para el cual se agotaron las entradas fue la final entre Colombia y Brasil, pero el estadio casi se llenaba en todos los partidos del equipo canadiense), fue la oportunidad de compartir y comparar experiencias con jugadoras de las otras delegaciones. A pesar de que no pude hablar con todos los equipos (no tuve la oportunidad de hablar con las de Ecuador, Costa Rica o Canadá, que tiene un sistema parecido al de Estados Unidos para el fútbol femenino), sí pude dialogar con algunas jugadoras de Trinidad y Tobago (T&T), México, Colombia y Brasil.

Como los primeros tres equipos estaban en nuestro grupo del torneo, dejaré que el orden de los partidos determine el orden de las entradas. Comenzaré con T&T, nuestro primer partido. El partido terminó 2-2, un resultado bastante injusto debido a un arbitraje abismal (nos anularon un gol por posición adelantada pero en el video se ve claramente que nuestra jugadora estaba habilitada por una defensora, y el segundo gol para el empate surge de un tiro libre regalado por una falta inventada en los últimos segundos)... Aún así, a pesar del resultado, fue un buen comienzo para un equipo (nuestro) que no había jugado ni un solo amistoso internacional en los meses anteriores al torneo y que tenía (y tiene) un cuerpo técnico que realmente empezó a trabajar con la selección a partir de marzo 2015 (fue contratado en noviembre-diciembre del año pasado pero solamente trabajaron un par de semanas a fin de año antes de un torneo amistoso en Brasil en diciembre). El resultado, sin embargo, es menos interesante de lo que me contaron los trinitenses.

Cuando le pregunté a un miembro del cuerpo técnico sobre la situación del fútbol femenino en su país mientras hacíamos cola para el desayuno, me respondió que en general no era bueno, PERO que 2015 marcaba el primer año de la liga profesional de mujeres en T&T. En uno de los últimos días tuve la oportunidad de charlar con una de las jugadoras más experimentadas de la Selección Trinitense, Ahkeela Mollon, quien jugó fútbol en la primera división de la liga universitaria en EEUU y luego continuó su carrera de jugadora en Islandia y en Suecia antes de volver a su país para participar en la nueva liga profesional y entrenar con la Selección. Aunque no me contó mucho sobre el desarrollo de jugadoras—mejor dicho ligas inferiores para niñas antes de llegar a los niveles más competitivos—, sí habló sobre las diferencias entre sueldos en los países donde había jugado, tanto de los clubes como de la Selección.

En realidad, la conversación comenzó con una serie de preguntas por su parte: "¿Cuánto ganan jugando en Argentina? ¿En qué clubes juegan ustedes? ¿Cuánto les paga la Selección?" Cuando le respondí con el monto de mi verdadero "sueldo" en River Plate, no podía disimular la expresión de shock en su rostro y tampoco pudo contener su siguiente pregunta: "¿Qué carajo hacés jugando en Argentina? Le expliqué que en Argentina no existe el fútbol profesional tal cual sino el nivel más alto es una liga amateur con algunos clubes que pagan viáticos, River es uno de esos clubes que pagan viáticos o "becas deportivas" y las jugadoras recibimos un promedio de 800 pesos "mensuales" (menos de 60 dólares americanos), un monto que varía dependiendo de las citaciones de la jugadora, su asistencia a los entrenamientos, etc., pero para este año (estamos casi en agosto), el club solamente nos pagó 3 meses de beca (hasta abril).

Luego me preguntó cómo era el costo de vida en Argentina, y le expliqué que era menos que en EEUU pero que sería imposible vivir del viático del club (no sólo porque es poca plata sino también porque nunca sabemos cuándo nos van a pagar), más que un sueldo, el viático es como una ayuda que viene de vez en cuando para darte un gusto o cubrir algún gasto inesperado. Lógicamente, supuso que River era un club chico porque no lo conocía por nombre, pero cuando le mostré unas foto del Monumental, el estadio más grande de la Argentina, una del aspecto impresionante desde afuera y una desde adentro durante un Superclásico, su asombro inicial se transformó en indignación. Ahkeela no llegaba a entender cómo un club tan grande como River Plate no podía invertir más en su equipo femenino.

COMENTARIO APARTE: *Ni quiero imaginar su respuesta si le hubiera contado que a partir de este año, River Plate ha rescindido cualquier forma de cobertura médica para el fútbol femenino, negando pagar hasta los estudios necesarios para poder participar en el torneo y tampoco se hará cargo de cualquier lesión sufrida en competencia o entrenamiento oficial... Les contaré más sobre esto en las publicaciones que vienen.*

Me contó que su club pagaba entre 800-900 dólares americanos mensuales a sus jugadoras y a la vez cubría casa, comida y costos de transporte. Sin embargo, existen unas diferencias claves entre el fútbol femenino en Argentina y T&T como la estructura del campeonato y la fuente de los sueldos. Mientras que en Argentina los viáticos y beneficios provienen del club (y también hay mucha diferencia entre lo que ofrecen los clubes en el campeonato, desde los clubes donde las jugadoras tienen que pagar los colectivos para viajar a los partidos de visitante hasta clubes que ofrecen becas de estudio en universidades privadas como River Plate y la UAI Urquiza y otros que otorgan no solo cobertura médica sino una obra social completa a sus jugadoras), en T&T los sueldos son pagados por el gobierno nacional. En T&T, la liga profesional está compuesta por 5-6 equipos, pero en Argentina actualmente hay 18 equipos en el torneo oficial de AFA, lo cual implicaría una diferencia significativa en términos de cuántas jugadoras cobrarían y la cobertura otros gastos relacionados.

Luego, sus preguntas se orientaron hacia la Selección ya que seguramente tenía que ser mejor que la situación de los clubes... Y mientras que económicamente es mejor, no es por mucho. Durante los meses previos a los Juegos Panamericanos, las jugadoras de la Selección Mayor recibíamos 140 pesos por entrenamiento (aproximadamente 10 dólares americanos) que nos pagaban el último día de cada semana y mientras estábamos en Canadá nos pagaban un viático de 230 pesos, o sea un total de menos de 5000 pesos (~350 dólares americanos) a lo largo de tres semanas. Algunas jugadoras que habían jugado en los Juegos ODESUR el año pasado recibían una beca deportiva de 4500 pesos del ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), una organización sin fines de lucro ligada al Comité Olímpico Argentino y la Secretaría Nacional de Deporte que otorga becas deportivas a deportistas que participen en deportes y competencias olímpicos. Esta beca que incluye obra social y para la Selección Femenina de Fútbol, que no tiene una competencia internacional hasta 2018, hay una alta probabilidad de que se corte después de la revaluación de becas en agosto (ahora).

Nuevamente Ahkeela quedó asombrada después de escuchar nuestra aclaración y exclamó que nadie en el equipo trinitense hubiera viajado por un monto tan chico. Ante situaciones parecidas, ellas hicieron paro y se negaron a subir al avión hasta llegar a un acuerdo que les convenía y la federación escuchaba las demandas de las jugadoras. Ahora fue nuestra chance de quedarnos asombradas. La idea de negarse a subir al avión para demandar aumentos de viático nos resultó completamente extraña, extrema y, sobre todo, imposible de aplicar en Argentina. En River, habíamos considerado hacer huelga para que se mejoraran las condiciones médicas pero al final no la hicimos por temor a que sacaran del todo a la disciplina para reducir gastos en el club, y temores parecidos con AFA nos detuvo hacer semejante protesta.

A pesar de que mi conocimiento del fútbol femenino trinitense sea limitado, parece que ha progresado bastante desde el Clasificatorio al Mundial de CONCACAF de octubre 2014 pasado cuando el DT voluntario, un ícono en el fútbol femenino estadounidense, Randy Waldrum, tuvo que solicitar donativos a través de Twitter para poder pagar los costos de comida y alojamiento del equipo ya que la federación había mandado la delegación con solamente 500 dólares americanos y sin materias de entrenamiento para su estancia en EEUU a lo largo del torneo. El pedido—exitoso ya que varias federaciones, incluyendo la de Haiti, donó para apoyar a las jugadoras—inicialmente incitó una respuesta de enojo de la federación y del gobierno nacional de T&T, pero posiblemente fue el toque de atención necesario para estimular inversión y apoyo para el deporte con la fundación de la liga profesional.

Estoy siempre a favor de aprender y adoptar ideas exitosas de otros países, pero todavía es muy temprana en mi "investigación" para poder llegar a cualquier tipo de conclusión. Esperemos hasta que  veamos las situaciones de un par de naciones más antes de decidir qué teorías y prácticas podrían ser aplicadas al fútbol femenino argentino.

En el vestuario antes del partido con Trinidad y Tobago


Wednesday, July 29, 2015

Pan American Games, Toronto 2015: Match 1 vs. Trinidad and Tobago

I should have learned my lesson. Blogging after about 4 months of silence leaves a lot of holes to fill in, which is why I'm going to write a series of posts about my experience at the 2015 Pan American Games in Toronto, Canada, as well as a summary of the months leading up to the competition, so as not to bore you with one long novel.

Another issue is the order. Should I share about what's freshest in my memory or should I write chronologically? I hope you can bear with me as I work towards the best format, which may very well be neither one option or the other but actually a blend of the two. To say my blogging skills are rusty would be a severe understatement... So please bear with me through this ice-breaking post.

In my last post, I shared about my return to playing in February after ACL surgery in late July 2014 (almost exactly one year ago today), but much has happened since then. I earned back the starting position at River Plate, played in my second Clásico against Boca Juniors which ended in a 0-0 draw, and got the call up to train with the Argentine Women's National Team as of March to prepare for the Pan American Games which were held this past month in Toronto.

When I first began brainstorming for this post, I thought it would be interesting to talk about how despite the obstacles and struggles along the way, I was finally able to reach my goal of representing Argentina in an international competition. However, thankfully I saw the light and realized that my struggles and obstacles honestly pale in comparison to those of some of my teammates and of many players from the other teams at the tournament. So, I'm going to spare you my whining/"humble-bragging" and instead hope give you an insider's view of women's soccer in Latin America and the Caribbean.

One of the best aspects of the Games, besides the feeling of walking onto the field in front of a good-size crowd (the only sold-out match was the final between Colombia and Brazil, but Canada always drew impressive audiences too), was having the opportunity to share and compare experiences with players from other countries. Even though I wasn't able to speak to every team (I didn't get the chance to talk with players from Ecuador or Canada- which has a youth/women's soccer system similar to that of the U.S.A.), I was able to talk with players from Trinidad & Tobago (T&T), Mexico, Colombia, and Brazil.

Since the first three teams listed were in our group, I'll let the order of the games determine the order of the posts. I'll start with T&T, our opening match. The final result was an unfair 2-2, due to poor refereeing (we had a goal called back for offside which on the replay was very clearly a legal goal and the second goal scored by T&T was in the last minute of stoppage time on an invented free kick)... Even so, despite the result, it was a good start for a team which had not played any international friendlies in the months leading up to the tournament and had only been working with the current coaching staff since March 2015. The result, however, is less interesting than what the Trinidadians told me.

When I asked one of the coaches about the status of women's soccer in his country while waiting in line for breakfast one morning, he told me that in general it was not good, BUT 2015 was the pilot year for a professional women's league in the country. Later, I had the chance to talk to one of the most experienced players on the Trinidadian team, Ahkeela Molon, who played college soccer in the United States and then went on to play professionally in Iceland and later in Sweden before returning home to join the newly formed league and to train with the national team. While she didn't share much about the levels of player development, more specifically about youth divisions for women, she did talk about her salaries at various clubs and with the national team.

The conversation actually began with a series of questions from her side, "How much do you earn in Argentina? What clubs do you play at? How much does the national team pay you?" When I told her the sad truth regarding the "pay" at River Plate, she couldn't hide the look of shock on her face and the automatic question which followed "What the heck are you doing in Argentina?" I had told her that we aren't actually professional, but at River we receive a "monthly" stipend which averages around 800 pesos (less than 60 U.S. dollars), varying slightly depending on player performance, practice attendance, etc., but for this year we've only been paid through March or April.

She then asked what living costs were like in Argentina, and I explained that they were much less expensive than in the United States, but the stipend from the club doesn't even come close to covering costs; it's more like a small help which comes every once in a while. Logically, she assumed that the club was a small one since she had never heard of it, but when I showed her a picture of the stadium, one of the outside and one of the inside during a Superclásico, the look of shock dissolved only to be replaced by one of disgust. Ahkeela couldn't believe how a club as big as River Plate could not afford to invest more in its women's team.

SIDE NOTE: *I don't even want to imagine her response if I had told her that as of this year the club has retracted any form of medical coverage for the women's team, refusing even to pay for or provide the medical exams necessary for clearance to participate in competition... More to come on this later...*

She said that her club paid roughly the equivalent of 800-900 U.S. dollars per month while also covering housing, food, and travel expenses. However, the key difference between Argentina and Trinidad was the source of the salary as well as the number of teams in the league. While in Argentina the "salary" or "stipends" for players are determined and covered (or not) by the clubs, in T&T the money comes from the national government. In Argentina, however, there are currently 18 teams in the "official" league, in T&T there are only 5-6 teams in the professional league, a significant difference in terms of how many players are on salary and other general costs to be covered.

Her questions then turned towards the national team because surely it had to be better than the situation at the clubs... While it is better, it's not by much. During the months leading up to the tournament, we received a daily stipend of 140 pesos (approximately 10 U.S. dollars) to be paid at the end of each week and while traveling we received a daily stipend of 230 pesos for a total of just under 5000 pesos (approximately 350 U.S. dollars) over 3 weeks. Some players who had been on the squad since the ODESUR competition last year had been receiving a monthly scholarship of around 4500 pesos from ENARD (National Entity of High Performance Sports), the organization connected with Argentine Olympic sports and performance, a scholarship which will be up for reconsideration in August since women's soccer does not have another olympic-related international tournament until 2018.

Again our explanation was met by surprise as Ahkeela exclaimed that no one on the Trinidadian team would have even traveled for such poor pay. When they had faced similar situations, they went on strike and refused to board the airplane until an agreement was met and their federation responded to the players' demands. Now, it was our turn to be shocked. The idea of refusing to board for insufficient pay seemed completely foreign and impossible to apply in Argentina. At River, the players considered refusing to play until the medical situation was improved, but we never carried it out for fear that the club would just get rid of the team entirely to cut costs, and similar fears with the Argentine Football Association prevent us from carrying out such a method of protest.

Even though my knowledge of women's soccer in T&T is limited, it seems as though strides of progress have been made since last year's CONCACAF World Cup Qualifying in October when the Trinidadian's volunteer coach, a legend in U.S. women's soccer, Randy Waldrum, was forced to ask for donations via Twitter to cover the team's food and housing costs since the federation had sent the team with only 500 U.S. dollars and no training equipment for the duration of the team's stay in the United States. The appeal for help initially led to an angry response from the T&T government and soccer federation, but it might have been the necessary wake-up call to invest and provide more support for the growth of the sport with the foundation of the professional league.

I'm all for learning and adopting ideas from other countries which have been proved to work, but it's still early in my "investigation" into women's soccer to draw any sort of conclusions. Let's wait until we hear about a few more countries before deciding which ideas could be applied to el fútbol femenino in Argentina.
In the locker room before our opener against Trinidad and Tobago

Thursday, February 5, 2015

Back in action

After an unjustifiably long hiatus from blogging, I'm back and determined to post with a more reasonable frequency—one which is yet to be determined.

I know that in my last post I promised to talk about love, but I've changed my mind since then (don't fret my dear friends, the loooooove post will come eventually) since I have some other news to report.

Almost 8 months ago, on June 8, 2014, during a game against Estudiantes de La Plata in Buenos Aires, Argentina, I tore my ACL (anterior cruciate ligament), MCL (medial cruciate ligament), and meniscus in my left knee. I was then operated on just over 6 months ago on July 28, 2014 in Dallas, TX, USA. Despair, pain, and fear ruled my emotions, and the light at the end of the tunnel seemed infinitely far away.

Well, I'm happy to say that I've reached the other side of the tunnel, and the light is even brighter than expected. While missing out on some big games and international tournaments was certainly frustrating, through the surgery and rehabilitation process I know I was able to grow immensely, overcoming the physical and emotional hurdles which come with a such an injury.

I learned how setting and working diligently toward short term goals while maintaining the end goal in focus is essential to success. I learned how patience and trust in those with previous experience and wisdom (in this case the surgeon, Dr. James Montgomery, and the physical therapists at TOA/D1 Dallas who guided me through the process) is better than rushing and trying to do things on one's own. I learned how depending on family and friends in tough times is not a sign of weakness but instead a necessary reminder of how life is best lived in community.

Also, to everybody who encouraged me throughout these last 8 months, from family to friends (in the US, Argentina, Romania, and all over the world) to teammates to coaches to rivals and to those who don't fit into any of those categories, thank you. We tend to underestimate the power of words and their ability to influence for good or evil, but during my recovery, the messages of encouragement were invaluable to me, pushing me onwards even when things got painful, frustrating, or even repetitive and boring. So, to those who are at some point along the ACL rehab process, take this blog as just that, a word of encouragement to keep going even when you don't want to think about doing another leg raise or single leg squat.

Looking back, the months since my injury and surgery appear to have flown by, although I know that in the moment, the days seemed to crawl by at times. Now, finally cleared to participate in practices (non-contact for the first couple weeks), it almost feels as though I was never hurt, that I'm starting a new season just like the rest of my team, trying to earn my spot back on the field and working towards our goal of winning the league championship.

As of now the only thing I can report is that after a week and a half of preseason with my team (Club Atlético River Plate of Buenos Aires, Argentina), I feel just as I should: sore all over but happy to be playing again.


Friday, September 19, 2014

Alentando a larga distancia: Copa América Femenina 2014

El 11 de septiembre, o sea hace una semana, arrancó la Copa América Femenina 2014 en Ecuador. Para los que no saben, es el campeonato sudamericano de fútbol femenino y sirve de eliminatoria para los Juegos Panamericanos 2015, la Copa Mundial Femenina Canadá 2015 y los Juegos Olímpicos 2016 en Río de Janeiro. No sé si quedó claro: es un torneo importante.

No tiene nada que ver con el formato de las eliminatorias masculinas del CONMEBOL (la federación de fútbol en Sudamérica). Es un torneo corto y brutal, sin margen de error. Los diez equipos de la federación se dividen en dos grupos, A y B. Este año, se puede decir que la división no fue tan pareja. Tres de los primeros cuatro de la última Copa América (2010) tuvieron que enfrentarse en el grupo B: Argentina, Chile y Brasil, los otros dos equipos son Paraguay y Bolivia. Del otro lado están Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y Uruguay. Solamente los primeros dos equipos de cada grupo progresan a la etapa final donde el ganador de grupo A juega contra el segundo de grupo B, y vice versa. Los cuatro equipos finalistas clasifican a los Juegos Panamericanos. Brazil, como anfitrión, y un equipo más clasifican a los Juegos Olímpicos. Los dos equipos finalistas clasifican directamente al Mundial y el tercer equipo tendrá que jugar una eliminatoria contra un equipo de la CONCACAF.

Después de perder su primer partido con Chile, Argentina se reivindicó con dos victorias, ganando 6-0 con Bolivia (con 3 goles de mi compañera de River y amiga Mariana Larroquette) y luego 1-0 con Paraguay y todavía le queda la esperanza de salir del grupo. Si ganan su último partido, que será contra las poderosas brasileras, tienen muy buen chance de progresar, pero todo también depende de lo que pasa con el otro partido de la última fecha: Chile-Paraguay.

Bueno, no les quiero aburrir con todos los detalles y situaciones de clasificación para Argentina, pero sí quería destacar algo. Ningún partido argentino ha sido transmitido por televisión. Es una vergüenza, no hay otra forma de decirlo. Las chicas de la Selección merecen el apoyo de su país. Apostaría que el 99% de argentinos ni saben que se está jugando la Copa América Femenina, pero durante las eliminatorias masculinas para el Mundial de Brasil de este año, el 99% del país no solamente sabía sino que también veía los partidos y seguía el progreso de su Selección. Las únicas formas de seguir los partidos es por la radio y las redes sociales, y ambas formas son una tortura.

Los nervios me consumen cada vez que juega Argentina. Casi me arranco los pelos durante el partido con Chile y también en el de Paraguay. Alentar de lejos, con información muy limitada, no es para débiles. Capaz que mirar por televisión también me daría la misma sensación de impotencia, pero por lo menos podría sacar mis propias conclusiones del partido y no solamente saber quiénes y cuándo hicieron los goles. Creo que ya varias veces los asusté a mis viejos, gritando un gol, lamentando un gol errado o atajado.

Admito que es una publicación un poco dispersa, sin un rumbo bien definido, pero creo que representa bien la transmisión de información (o la falta de transmisión de información) sobre este torneo tan importante para el fútbol femenino sudamericano. Si sacan algo de estas divagaciones, que sea mi apoyo a las chicas albicelestes. Estamos con ustedes chicas.

VAMOS ARGENTINA!!!

pd. no me olvidé de que les prometí hablar sobre la importancia del fútbol en Argentina... Dentro de poco viene esa discusión. Les advierto que mi próxima publicación tendrá poco y nada que ver con el fútbol, sino con mi vida personal, mi vida amorosa si tenemos que ser precisos...

Wednesday, September 3, 2014

Una relación futbolera: amor, pasión y amistad

Después de haber leído mi última publicación es muy probable, y más aún para los que no juegan al fútbol o que no tienen una relación directa con el fútbol femenino, que se estén preguntando ¿pero, qué tiene esta mina con el fútbol? ¿Por qué se apasiona tanto por un deporte que aún siendo el más popular del mundo, al fin y al cabo es un deporte cualquiera?

Podría decirte que es por la competencia, esa adrenalina que surge cuando salís a la cancha, saludás al rival y esperás ansiosamente a que el árbitro señale el comienzo del partido, esa emoción que se apodera de vos que sigue una atajada espectacular en que dejás en silencio a la hinchada rival que había empezado a gritar el gol un poco temprano, esa sensación de alegría total después de ganar un campeonato, un clásico, un partido peleado. Podría decirte que es por las enseñanzas de vida que el fútbol te otorga como el trabajo, la dedicación, la salud corporal, la puntualidad, la paciencia y el esfuerzo puro. Hasta podría decirte que es por el reconocimiento que viene de ser mujer deportista pero ahí ya te darías cuenta de que te estaría mintiendo.

No digo que esos motivos no sean válidos ni que no sean una parte importante de mi amor al fútbol, pero ninguno de ellos es la razón principal—reconozco que el amor a veces no entra en la razón, pero a veces sí, como en este caso. Si mi amor al fútbol fuera por las razones que mencioné arriba, hubiera dejado de jugar hace muchos años, capaz no hubiera terminado de jugar mis cuatro años en la universidad. No, si fuera por eso, seguramente no estaría escribiendo este blog, viviendo en la Argentina y jugando en River Plate, estaría estudiando medicina en alguna facultad de los EEUU, lo cual tal vez hubieran preferido mis viejos... pero eso es otra historia... ¿Por qué digo todo esto?

Este fin de semana me vino a visitar mi mejor amiga, otra jugadora que, como yo, todavía no está lista para dejar el fútbol. Nos conocimos en mi primera universidad, University of South Florida, donde estudié dos años antes de cambiar de universidades para terminar mi licenciatura en Rice University (no, no está nombrada por la comida sino por el hombre que la fundó). No fuimos amigas desde el principio, tardamos un poco en darnos cuenta de que teníamos un montón en común—nuestra fe, la manera de pensar, objetivos, valores, humor (bueno, eso me gustaría creer pero la realidad es que ella es mil veces más graciosa que yo), dentro de muchas otras cosas, pero en la cancha el asunto era otro. Ella jugaba de titular en el mediocampo, fue nombrada capitana después de estar solamente cuatro meses en el equipo, fue figura constante durante sus cuatro temporadas mientras que yo tuve un lugar mucho más marginado como arquera suplente durante mi tiempo ahí. Sin embargo, nos hicimos amigas y desde entonces, a pesar de los años que pasan, los kilómetros, océanos y continentes que nos separan, nuestra amistad sigue creciendo. Cuando nos juntamos, como pasó este fin de semana, es como si no nos hubiéramos separado nunca, y ya han transcurrido casi dos años desde la última vez que nos vimos. La considero una hermana, una bendición de Dios, estamos unidas por una relación estrecha y la cual, estoy segura, durará toda la vida; una relación que surgió gracias al fútbol y a pesar de las diferencias entre nuestras carreras futbolísticas universitarias.

Bueno, todo esto por decir que, para mí, el fútbol es especial sobre todo por las relaciones que genera. Nombro a esta amiga como un ejemplo, pero te podría contar de cualquier cantidad de otras amistades y relaciones futboleras que me han influenciado y moldeado de alguna forma.

Me acuerdo de cómo boludeaba y jugaba con mis compañeras del equipo de secundario.

Pienso cómo en Rice, a pesar de haber sido los peores dos años futbolísticos de mi vida, conocí a amigos, profesores y mentores que me inspiraron, me desafiaron, me quisieron y que hasta hoy lo siguen haciendo.

Recuerdo claramente cuando el avión despegó en el aeropuerto internacional de Buenos Aires en 2011, alejándome de mi segunda experiencia de entrenamiento con la Selección Argentina Femenina. Veo como si fuera hoy cómo se me caían las lágrimas, no por la tristeza de no poder seguir jugando y entrenando con la Selección, por complicaciones y demoras del proceso de naturalización, sino por el dolor de partir y despedirme de las chicas, especialmente ya que no sabía si las volvería a ver—ahora hay algunas que veo demasiado seguido en River... no, mentira chicas, las quiero mucho, son una bendición enorme en mi vida.

Y aún más reciente, es imposible no mencionar el apoyo que me han brindado mis compañeras de River a través de mensajes, abrazos y una bandera enorme desde el día que me lesioné hasta hoy, y sé que podré contar con ellas hasta que esté de nuevo en la cancha. Son mis hermanas millonarias.


Son momentos así que me vienen a la mente cuando pienso en el fútbol, mucho más que imágenes de partidos ganados o perdidos, que las sensaciones temporales de frustración o de alegría, que recuerdos de entrenamientos innumerables. Las amistades, para mí, son la esencia del fútbol, y doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de conocer y de aprender de tanta gente maravillosa a través de este deporte hermoso.


Las extraño mucho, que lindo que será volver a festejar con ustedes, mis hermanas millonarias (Foto: Guillermo Larroquette)